viernes, 10 de agosto de 2007

Y entonces...había cuatro.

El individuo, entelequia única e indivisible, si por sí mismo fuera algo no sería más que el mero desperdicio de una potencialidad colectiva. Sólo puede existir y tomar forma en las interrelaciones, en las múltiples combinatorias azarosas del vaivén compartido, en el permanente zigzagueo de las posibilidades nacidas en el conflicto de ser un todo. En fin, el ser es en el somos, o no somos nada. Eventualmente, aparecerán particiones que pretendan alcanzar la plenitud, pero sabemos que no son más que placebos concientes de una enfermedad crónica y clasificada. Puede ser por eso mismo que el fracaso se parezca tanto a la soledad. Bienvenido al que faltaba y gracias por traernos lo que necesitábamos. Ahora sí podremos seguir siendo lo que somos, o lo que es mejor, lo que queremos ser.

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