Y llegó el esperado momento en que lo insoportable se volvió normal. Cada día que pasaba, la noche se hacía más larga. Las voces llenaban el silencio, en un rito de quieta persecución interna. Nunca había alcanzado a identificarlas, pero sabía que le estaban hablando a él, y, aunque no llegaba a entender lo que decían, estaba seguro que le reclamaban algo. Ya no quedaba un sólo hueco de la casa (mente?) donde no rebotara ese murmullo. El hecho de no haberlo comentado nunca a nadie, por el obvio miedo a exponerse al estigma de la locura, lo volvía más loco. Pero tanto llego a estarlo que pensaba que su silencio era parte de un complot inconscientemente compartido. Llegó a esta conclusión por medio de un silogismo truncado cuya claridad sólo podía ver alguien extremadamente apartado de la cordura ordinaria. Era, más o menos, algo así:
El que escucha voces, está loco.
El que está loco, es encerrado.
El que no quiere ser encerrado intenta demostrar su cordura.
El cuerdo no escucha voces.
El loco se hace el sordo.
Todos escuchan voces pero nadie lo dice.
Desde que se le ocurrió esta idea (él diría, desde que la vislumbro), se tranquilizó un tiempo. Le ayudó a vivir un entrañable sentimiento de camaradería con el mundo. Se creía parte de un engaño compartido y conocido por todos, y, así, empezó a sentirse acompañado. Pero, pronto, ese guiño se volvió contraproducente. Al notar que nadie parecía sufrir tanto la presencia de las voces como él, empezó a sentirse cada vez más débil frente a sus camaradas. De noche fustigaba su mente y maldecía su cobardía. Se horrorizaba con la sola idea de su flaqueza ante algo tan normal. Al ver cómo los demás podían seguir sus vidas con tan elegante rutina se empezó a sentir un traidor. Sabía que en cualquier momento hablaría y sería expulsado de la cofradía. Lo encerrarían y lo acusarían de enfermo, aunque todos sabrían que eso no era más que un castigo a su falta de rigor.
Producto de su flaqueza, sería expulsado de esa muda hermandad y volvería a estar solo. Esta idea lo fue convenciendo de tomar la decisión. Podía soportar el despertarse dos o tres veces por noche, sobresaltado por unos gritos sin rostro que, desde debajo de su cama, le pedían cosas que no entendía. Incluso era capaz de soportar con hidalguía el frío de cada paso invisible que sentía a sus espaldas. Pero lo que no podía permitirse era el fracaso ante la juego colectivo. Romper el silencio hubiera sido declarar la derrota y subirse al tren de los perdedores. Si eso hubiera ocurrido, las voces pasarían a tener rostros bien visibles: el escarmiento popular. Tenía que seguir con la farsa hasta sus últimas consecuencias. Pero, ¿Cómo se hace para escapar de lo que no se puede ver? La respuesta le pegó con la dureza de lo evidente.El día que decidió pasar al otro lado no sabía a dónde estaba yendo. De lo contrario, se hubiera aferrado fervientemente a aquello de lo que intentaba escapar. Cuando se dejó caer por la misma ventana donde antes veía asomarse el reflejo de sus fantasmas tuvo su momento de tranquilidad. Se podría decir que cada uno de los cinco segundos que duró la caída fueron los únicos momentos de paz que alguna vez vivió. “Paradojas de la vida”, se diría más tarde, “mi pasaje a la muerte fue el único momento digno de ser vivido”. Lo que encontró del otro lado es tema para otra historia. Sólo podemos decir que ahora sabe bien lo que le gritaban del otro lado. Siendo voces de alguien más es mucho más fácil distinguirlo...
sábado, 25 de agosto de 2007
martes, 14 de agosto de 2007
Capitulo 5: Del músico (o el boludo de la fiesta)
Solemos pensar que todo es tan normal, y cuanto más normal es, menos solemos pensar. La rutina del hastío no terminará nunca de cansarnos porque es en su propia laxitud que basa su efectividad. Economía de primer grado: cuanto menos aire hay, más imprescindible se vuelve respirar. Pero, nuestra asfixia es pan para alguien más. Y un pan bien cargado, uno que tiene encima unas cuantas vueltas al plato. Uno del que ya hace tiempo que no caen migajas. Hace un rato largo que el paso de los más grandes usa nuestras cabezas de patines. Se cuidan de no rayar un piso lustrado de seguridad y bienestar para los bien estados. Nosotros seguimos dándoles de comer, ellos siguen dándonos. Para cuándo la música va a dejar de mirarse a sí misma con aires de diva trasnochada mientras rememora lo que nunca fue. Para cuándo las estrellas van a dejar de mirar al cielo, y de jugar en solitario su boleto a una imposible realidad. Para cuándo el arreglo va a dejar de ser el cuento de una violación pactada. Para cuándo vamos a dejar de hacernos preguntas que es normal que nadie piense ni responda.
viernes, 10 de agosto de 2007
Y entonces...había cuatro.
El individuo, entelequia única e indivisible, si por sí mismo fuera algo no sería más que el mero desperdicio de una potencialidad colectiva. Sólo puede existir y tomar forma en las interrelaciones, en las múltiples combinatorias azarosas del vaivén compartido, en el permanente zigzagueo de las posibilidades nacidas en el conflicto de ser un todo. En fin, el ser es en el somos, o no somos nada. Eventualmente, aparecerán particiones que pretendan alcanzar la plenitud, pero sabemos que no son más que placebos concientes de una enfermedad crónica y clasificada. Puede ser por eso mismo que el fracaso se parezca tanto a la soledad. Bienvenido al que faltaba y gracias por traernos lo que necesitábamos. Ahora sí podremos seguir siendo lo que somos, o lo que es mejor, lo que queremos ser.
viernes, 3 de agosto de 2007
Condena
Hoy arrancamos con la sección denominada "Letras mudas". Sabemos que la letra de una canción sin la música es como un cono de papas fritas sin sal, así que sólo los diez que vienen a nuestros shows tendrán el gusto de aderezar esta insulsa guarnición lírica. Nuestra primera víctima es uno de los temas que empezaremos a grabar la próxima semana: Condena. Dicen que los domingos a la tarde son uno de los momentos más depresivos en la vida cotidiana, quizás por ser la antesala al rutinario infierno que es la mayor parte de nuestra existencia. Aunque, por suerte, también dicen que la depresión es la madre de las inspiraciones. Ahí va una que escribimos con andresito:CONDENA
Mientras mato el tiempo voy muriendo yo también
Me asesina el domingo a las seis
Vi a las enfermeras decretando el burgués
Y una parca se cree muy cortés
Cerca del infierno desayuno un café
con cenizas de mi propio ser
Viajo con dos monjas que no pueden creer
Que en el cielo no cotice la fe
No hay cadenas ni mentiras porque no hay otro lugar
Ya te dije, no te quejes, esto es la felicidad
No es tan malo hipotecar la vida que no vas a usar
No pretendas ningún sueño si no lo podés pagar
Condenado a estar sin preguntar
Ya me siento un poco más normal
Obligado por mi voluntad
Ni siquiera los puedo culpar
Ya no paso el tiempo escondido en un rincón
ahora cuento monedas de estación
Vuelo por el barrio con mi vela de satén
y te veo desde el aire también
Tiempos de desvelos entristecen tu canción
Consumiendo las llamas del rencor
Rumiando la idea de volver en tu dolor
Masticando toda aquella traición
Mientras mato el tiempo voy muriendo yo también
Me asesina el domingo a las seis
Vi a las enfermeras decretando el burgués
Y una parca se cree muy cortés
Cerca del infierno desayuno un café
con cenizas de mi propio ser
Viajo con dos monjas que no pueden creer
Que en el cielo no cotice la fe
No hay cadenas ni mentiras porque no hay otro lugar
Ya te dije, no te quejes, esto es la felicidad
No es tan malo hipotecar la vida que no vas a usar
No pretendas ningún sueño si no lo podés pagar
Condenado a estar sin preguntar
Ya me siento un poco más normal
Obligado por mi voluntad
Ni siquiera los puedo culpar
Ya no paso el tiempo escondido en un rincón
ahora cuento monedas de estación
Vuelo por el barrio con mi vela de satén
y te veo desde el aire también
Tiempos de desvelos entristecen tu canción
Consumiendo las llamas del rencor
Rumiando la idea de volver en tu dolor
Masticando toda aquella traición
No hay cadenas ni mentiras porque no hay otro lugar
Ya te dije, no te quejes, esto es la felicidad
No es tan malo hipotecar la vida que no vas a usar
Ya te dije, no te quejes, esto es la felicidad
No es tan malo hipotecar la vida que no vas a usar
No pretendas ningún sueño si no lo podés pagar
Condenado a estar sin preguntar
Ya me siento un poco más normal
Obligado por mi voluntad
Ya me siento un poco más normal
Obligado por mi voluntad
Ni siquiera los puedo culpar
(Ya probé quinientas veces pero el editor me deja este final todo junto...josé blog, ponete las pilas...tanto playroom en el ámbito de trabajo puede ser contraproducente...)
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