domingo, 6 de enero de 2008

Roca Muerta

Desde hace ya muchos años, muchos fueron los que dijeron: “el rock ha muerto”. Esta afirmación solía ser pretenciosa, no en su valor ensayístico sino en su finalidad: provocar. Y tanto lo han dicho, que la profecía se cumplió. El Rock and Roll se hinchó tanto de que le hinchasen las pelotas, que terminó explotando. Se desgarró en un sismo interno en el que sucumbieron viejos valores que, como siempre, ya no valían nada. Y como suele suceder cuando algo muere, lo hace de la peor manera. Se va apagando en un aletargado paroxismo que ruega que le corten el respirador. De ahora en más, todo será un insoportable espiral de decadencia girando y girando en un abúlico epicentro de patéticas negaciones. Pero tampoco exageremos, a muchas músicas se les ha pasado el cuarto de hora y nadie se murió, sólo un par de generaciones.
Declararlo patrimonio nacional y abrir facultades de rocología que investiguen su esencial rol en la formación de la identidad colectiva del siglo XX, escuchar las sordas quejas de unos cuantos viejos chotos con antiguos (y arrugados) tatuajes ricoteros (al grito de ROCK AND ROLL NONA) y rasgarse las vestiduras ante loquesea que sea actual en ese ahora. Estos serán algunos de los males necesarios que traerá este acabar inevitable. Recuerden, todo esto va a llegar al summun cuando Calamaro (a los setenta, masomenos) sea tesorero de SADAIC. En fin, el rock ha muerto hace tanto tiempo que ya a nadie se gasta en andar diciéndolo.

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