Hay lugares fáciles. Lugares comunes, donde la guía turística nos dice lo que ya sabemos. Donde nos sentimos cómodos. Donde la estadía es más perfecta cuanto más predecibles son sus avatares. Son espacios de plácida armonía fundada en la veneración de la quietud. Estos lugares son tan perfectos que ni siquiera tenemos que ir a ellos. Son tan cómodos que ya estamos ahí, aunque hace tanto que ni nos damos cuenta. Pisamos tantas veces el camino que ya ni siquiera reconocemos nuestra huella. Si un día despertáramos en otro lugar, de ninguna manera sabríamos volver. Correríamos en círculos hasta chocar con nosotros mismos. Lloraríamos la complejidad por no entender su simpleza. Todo tendría otro color, todos hablarían otro idioma. Nosotros hablaríamos otro idioma.Todo lugar común siempre fundó un Otro distinto, pero igualmente común. Este se hizo fuerte y fue creciendo en base a su oposición a aquel. El tiempo le fue dando la razón de la mano de la fatalidad que conlleva el entendimiento. Todos vieron que lo nuevo era nuevo en tanto leído desde la comunidad, desde lo conocido, desde lo compartido, desde lo común. Así, lo diferente desbarrancó lo conocido, para ser lo nuevo. Pero lo único que hizo fue cavar su propia tumba mientras reciclaba el sistema. Así aparecieron las instituciones. Así se pintaron las primeras banderas de la tradición. Así empezó a defenderse lo instituido olvidando que alguna vez fue alternativo. Así no hizo más que dar una excusa a otro diferente que en poco tiempo será tan común como la normalidad se lo permita. Sólo soportando el castigo del fracaso lo verdaderamente ignoto seguirá siendo distinto.
1 comentario:
Sí, es la lucha por el sentido que nos lleva a ponerle un nombre a todo. Y el conformismo nos hace dormir tranquilos cuando a lo incomprensible le decimos "sin-sentido".
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