lunes, 24 de septiembre de 2007

Algo tenemos

Hoy vamos con otra letra, aunque en este caso no la vamos a acompañar de ningún tipo de análisis. Sólo vamos a decir que es una letra mucho menos cerebral que la última. Inspirada y dedicada en y a una persona que probablemente nunca vaya a leer este blog (si es que existe alguien sí lo haga, además de rama “sinmoney” para quien no tengo más que palabras de fraterno agradecimiento por sus saludos fotolog mediante). De hecho, dudo que alguna vez la vaya a escuchar. Incluso me animaría a decir que difícilmente sospeche haber sido producto de una letra. Es más, si por alguna de las casualidades se enterase, muy probablemente no entendería demasiado lo que quiere decir. En fin, esta letra va para vos, que sólo otra persona y yo sabemos quién sos (aunque sólo yo sepa qué quiere significar).
ATENCIÓN: Como bonus-sólo-para-fanáticos dejamos dos frases que fueron cercenadas en la versión final (seguramente víctimas de la tijera dictadora de nuestro cantante-productor) y que podrán descubrir escuchando y comparando con la que subimos a: www.purevolume.com/submarinorock. Para los tres primeros que acierten las frases que sobran hay una remera de Submarino de regalo, a jugar amigos que el stencil está que arde!! (PD: Gracias a Coca por esa increible foto que ilustra la entrada de hoy, esperamos que pronto podamos darte nuevas excusas para que nos deleites con tu arte)

Algo tenemos

Olvidá que afuera hay algo más
Y pensá que somos la ironía que pasó, y nunca va a cambiar.

Vos sos vos y yo soy alguien más
Y los dos sabemos que en el medio hay mucho más, no hace falta hablar.

Al final tuvimos que aceptar
Convivir con lo que nos enseñan a matar, y no está tan mal.

Para mi ya no hace falta más
Con saber que aunque te cueste siempre lo intentás, y con eso lo lográs.

El perdón, nunca más
puede hacerme olvidar
Que si sos como yo
Algo tengo de vos

Si no estás donde querés estar
Y lo hacés por los que están acá, ya terminó, ahora te toca a vos.

Cada vez, te entiendo un poco más
Puede ser que el tiempo me haya puesto en tu lugar, muy lejos del rencor.

Mi razón es tu desilusión
Maldición de no poder llevarme a ese lugar, que pensaste para mi.

Intentá ya no culparte más
Y dejá de ver todas mis fallas en tu piel, ya voy a aprender.

El perdón, nunca más
puede hacerme olvidar
Que si sos como yoAlgo tengo de vos

miércoles, 19 de septiembre de 2007

El músico y su vida, cuando la música no es su vida

Como habrán visto, hace tiempo no se actualiza el blog. Justamente esta actualización tratará sobre las razones de esa imposibilidad, producto de una dificultad temporal: la del músico y su vida, cuando la música no es su vida. Ojo, no estamos queriendo decir que la música no sea esa pletórica fuente de vida que baña nuestra existencia dándonos una razón para seguir existiendo. No. A lo que nos referimos es a aquella clase de músico para los que la música no es fuente de supervivencia. Es decir, vivimos la música, pero no vivimos de ella. Se podría objetar que algunos damos clases, otros tienen una sala de ensayo, etc, pero acá nos referimos a Submarino como un concepto musical que no sólo no es redituable, en términos estrictamente económicos, sino que, generalmente, suele ser deficitaria. Entonces, cómo hacer música cuando la música no hace el dinero. Muchos podrán quejarse, poner el grito en el cielo (como aquí mismo hemos hecho un par de posteos más abajo) injuriando a un sistema que no para de poner sus garras en la elite de incomprendidos genios musicales. Pero lo que no solemos ver es que ese mismo sistema, al condenar al músico a la miseria, en cierto punto, está creando las condiciones necesarias para su propia existencia. Porque, seamos sinceros, de dónde sale la creatividad musical si no del dolor y la angustia. La música es el único arte que no tiene referencia en nada (olvídense de la letra, que no es música sino poesía, en el peor de los casos). Podemos pintar una casa y decir: “Eso es una casa pintada”. Pero no podemos “tocar” (musicalmente) una casa y que quien escuche se figure la imagen de una casa. A lo sumo podemos llegar a tocar alguna melodía que remita a cierto estado de ánimo que tenga algún tipo de conexión emocional con el concepto de “casa” que cada uno formó en su infancia. Pero tocar una melodía que, unívocamente, remita a una casa, es imposible. Lo que sí es posible es transformar el mundo en música. Ya no estamos hablando de utilizar el arte para remitir a una realidad que se cree anterior y superior a él, sino que con la música todo pasa a otro lenguaje tan, o más, real que la realidad misma. Todo el día laburando, con el culo pegado a una silla frente a una pc seguramente no sea una linda imagen para un cuadro, pero probablemente pueda transponerse a un buen riff de guitarra donde esa situación desnude toda su violencia. Y en el mismo momento en que tomamos esa realidad para hacer música, estamos transformando nuestra propia realidad. Es decir, esos sonidos operan sobre nuestra propia existencia de tal forma que el riff actúa como bisagra de la realidad. Se sirve de ella para existir, pero termina siendo el motor de una nueva existencia sonora que transforma nuestro sentir con respecto a aquella.Entonces, el sangrado permanente al que nos somete el sistema, que no nos deja hacer lo que nos gusta, termina dándonos la excusa necesaria para hacer aquello mismo que nos gusta. Porque, si no tuviéramos penares, sobre qué daríamos pena? En otras palabras, si no hubiera existido el algodón, quién habría cantado blues? Seguramente estaríamos viviendo una existencia ideal, etérea y sin problemas, pero también sin música. A la frase de Javier Martinez, “Si el rock no existiera, habría que inventarlo” yo le respondo “El rock existe desde antes que se lo hubiera inventado, y desde el mismo momento que hubo un mundo de mierda que necesitaba ser musicalizado”. De la misma forma que este nuevo posteo existe producto de un momento en que no tuve tiempo para escribir.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Lo que hay que ver

(DIOS MIO QUE CHAPAS!!!!) Bienvenidos a una nueva emisión de bloggeando por un sueño. En esta mágica noche de desvelos, veremos desfilar las voluptuosas protuberancias y moldeadas curvas de otra letra sin sentido. Y cuando digo sin sentido no me refiero a su origen sino a sus fines. (Frente al noble aparecer de estas líricas barrocas, compuesta para dar cuerpo y sostén a una melodía exasperante, sobreviene su triste y conocido perecer en manos del olvido y la desidia... no menos exasperantes).
El tema de hoy es Lo que hay que ver, si no me equivoco la primera letra de la banda. Antes, sin embargo, nos gustaría invitarlos a disertar brevemente acerca del juego de sentidos de la ya famosa frase del estribillo: “No ves que la mirada esconde lo que hay que ver”. Para empezar el análisis es fundamental desmentir el falaz mito que emparienta esta frase con la de Saint-Exupéry “lo esencial es invisible a los ojos”. Repetidas veces se nos ha acusado de plagio, a lo que respondemos: “no ves que tus oídos esconden lo que hay que escuchar”, aunque fácilmente se podría reemplazar “oídos” por cualquiera de las siguientes palabras: sordera, ignorancia o estupidez.
Ahora si, aboquémonos a desentrañar el misterio envuelto en estas palabras. Empecemos por observar la múltiple superposición de vistas que se da en la superficie de esta escueta línea. “No ves”, “la mirada”, “lo que hay que ver”. Hago hincapié en esto porque el tema de la observación parece ser una constante, casi obsesiva, en las letras de Submarino (sólo a manera de ejemplo, pensemos en “no me ven”, “se miró detrás de la pantalla”, “vas viendo qué hacer”, “te veo en el umbral”, etc). En esta canción, el tema de la vista se enmarca en una paradoja ad infinitum cuya solución es materia de debate sociológico desde hace ya más de un siglo: ¿Cómo ver lo que tengo que ver si la misma mirada me esconde aquello que tendría que ver? Y no pensemos en la mirada desde lo puramente material (los ojo) como si fuera manejado por una tercera persona, sino en el aparato perceptivo como lugar de entrada sensorial del mundo, en un nivel más bien fenomenológico y, sobre todo, de una interminable lucha entre lo conciente y lo inconsciente. Para decirlo en criollo (sino las masas se ofenden): hay algo que tengo que ver pero no puedo, y esa misma imposibilidad es producto de sí misma. Algunos dirán que no es el aparato el que tiene el problema sino la utilización que yo hago de él. Y hay ahí una clave: no son mis ojos (en sentido figurado) los que tienen el problema, sino la forma en que yo miro. Pero justamente ahí radica la ironía del dispositivo. Quien haya leído 1984 seguramente estará pensando en la increíble escena final del 2+2=5, en donde la clave está en otra paradoja similar: cómo auto imponerme una creencia falaz al punto de llegar a creerla realmente (Algo parecido a lo que pasa cuando la Iglesia reclama Fe a sus seguidores).
Algunos, ortodoxos yasabemosqué, podrán decir que la situación se resuelve ayudando esa “toma de conciencia”. La falsa conciencia puede ser rota por un tercero que nos haga “ver la luz” allí donde hay oscuridad. Sin embargo, esto trae más dificultades. Enumeremos por lo menos dos:

1) Como decíamos recién, que un tercero me diga lo que tengo que ver no necesariamente implica la real interiorización de ese pensamiento de mi parte.
2) Por otro lado, si el mismo dispositivo perceptivo da muestras de ser falible a la falsa conciencia, ¿entonces cómo sabemos quién está realmente libre de ella como para enseñarle la verdad a otro?

Esto podría seguir mucho más, pero la seudo-tendinítis de dos días que muy lentamente se va retirando de mi mano derecha me pide que vaya terminando, so pena de volver a empeorar. A estas alturas, quienes hayan seguido la línea de este pensamiento (para lo cual antes que nada tendrían que haber seguido leyendo, lo que es ya poco probable) se estará preguntando “¿entonces, cuál es la salida?”. Otros, seguramente, se la estarán respondiendo. Los más, sin embargo, desde que empezó la exposición, habrán leído todo saboreando su propia respuesta, como quién escucha un chiste con el oscuro placer de ya saber el remate. Acá sólo responderemos abriendo otro interrogante: ¿Quién sabe realmente qué es lo que hay que ver?


Lo que hay que ver

Sigue la función
fugaz desilusión
De mirar a otro lugar, y hallar

La estúpida intención
La utópica ilusión
De ir un poco más allá

La última versión
aplaca el sinsabor
de querer siempre un poco más

Sube la emoción
con cada medición
ya nada puede estar peor

No ves que la mirada esconde
lo que hay que ver

La máquina arrancó
virtual destitución
del ser que ya no puede ser

la fría decisión
calienta la ambición
y oculta lo que quiere ver

me pongo a meditar y encuentro que no hay vuelta atrás
coincido conmigo, nada te puede importar si vos

No ves que la mirada escondelo que hay que ver